Exploro lo indeterminado y la capacidad de encontrar orden y significado en lo impredecible. Formas borrosas y semi aisladas parecen estar buscando su contorno definitivo. Nada es nítido; trabajo con la potencia que anida en lo borroso, que lucha por encontrar su forma.

Pinto con la ansiedad de descubrir algo nuevo. Una pincelada está signada por la progresión vertiginosa, el desenfreno y la precipitación de cientos de otras pinceladas que prosiguen a cada acción determinante dentro de la pintura. Una metamorfosis constante de la materia generada por la ficción del error: inventarlo para corregirlo, como un pretexto para alcanzar el final de cada obra. Mis imágenes son el resultado del automatismo; no hago bocetos pero si visualizo la escala y la intensidad de la emoción. Pueden entenderse incluso como un acto de fe en que algo aparecerá, para hacer que lo improbable suceda y que algo funcione cuando no debería.

El accidente se convierte en intención cuando la intuición interviene. La posibilidad de que cualquier evento ocurra en un universo de incertidumbre es un principio rector. Lejos de ser una simple casualidad, la contingencia se vuelve un proceso profundamente intuitivo. Este enfoque celebra la riqueza y diversidad de posibilidades que puede generar. Cada capa de color refleja una decisión tomada al filo de lo imprevisto, donde las estructuras de la intuición y la sensibilidad dejan que el material hable por sí mismo.

El accidente y el azar tienen que ver con esta imagen caótica y organizada del mundo. Para mí, la sensibilidad no es solo una reacción emocional o estética, sino una herramienta que me permite navegar y dar orden al caos. Es un orden que, al final, se revela como un caos armonioso.

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